4.2.09

El amanecer de los muertos

La magia de Facebook insiste en molestarme.
El hombre que más me defraudó, más me hizo llorar y al que, paradójicamente, más rápido olvidé, reapareció en forma de solicitud de amistad. Y yo lo acepté, claro, porque soy curiosa. Porque quiero saber qué hace, qué fue de su vida, si progresó en algo, si se modificaron sus estructuras de alguna forma, todo eso.
El caso es que no me hacía llorar porque estuviera perdidamente enamorada de él sino solamente porque quería pasar un rato agradable con él y él era un idiota que me daba todas las señales y después arrugaba. Obviamente yo lo superaba ampliamente, sólo por dejarme enroscar. Pero ya pasó.
Lo acepté un poco por curiosidad, como ya dije, pero más por lástima. Ni siquiera cortesía: sencillamente fue lástima porque no nos debemos nada mutuamente. Al menos dos segundos después no me arrepentí -como supuse que pasaría- cuando me dio las gracias por chat y me pidió que lo guiara un poco porque acababa de crearse la cuenta y no entendía nada. Para colmo, yo era su única amiga: la buena samaritana.
Entre explicación y explicación de cómo hacer tal o cual cosa me preguntó cómo andaba, qué era de mi vida y si seguía saliendo a los lugares por donde nos conocimos. Keyword: saliendo. Lo conocí a los diecisiete años, el tema de las salidas y a dónde vas a bailar era recurrente y me molestaba sólo un poco, ahora sencillamente me rompe las pelotas. Principalmente porque evidencia que, a pesar de ser más chica, la única que creció en tantos años fui yo y eso me apena tanto por él.
Claro que después de eso venía la pregunta del millón, aquella que, si se hiciera famoso por algo, sería su cliché personal: ¿estás de novia?. Le dije que sí obviamente, no tengo ni la más mínima intención de mentirle ni de volver a intentar algo con él. De todas formas tendría que estar muy mal de la cabeza para cambiar a M. por él y hasta ahora creo que no tengo ningún problema mental.
Un par de bla bla bla más, me dijo que el también está de novio, le dije que qué bueno (la verdad, no me interesa, querido) me dijo que no entendía Facebook y le dije que no era tan difícil y chau, me tengo que ir. Fin de la charla. A pesar de todo no puedo evitar que me caiga un poquitito bien, así que lo dejo que seamos "amigos" en Facebook, al menos hasta que haga algo que me obligue a hacer uso del bonito "Eliminar amigo"

3.2.09

Mi mamá me puso Strawberry

Hay una cosa que no tolero y me hace reventar de la bronca y es que me cambien el nombre por un adjetivo "cariñoso". Linda, bombón, bebé... ni a M. lo dejo que me llame así (igual nunca me llamaría de una forma tan horrible, lo sé)
Aún peor que eso está el genérico y universal negri.
"Qué hacés, negri"
Me saca, sencillamente. Me parece tan falso. Porque para colmo, el negri va a compañado de una sonrisita de cotillón insoportable. Nadie dice negri con cara de culo. Nadie te dice negri cuando está enojado. Además de eso, pone en evidencia al emisor: no sabe tu nombre y eso es aún peor.
Si no sabés mi nombre preguntamelo y listo, pero no me digas negri que me sacás.

¿Es un mambo mío o a los demás les pasa lo mismo?

30.1.09

Ingredientes para una buena picada

Necesito ayuda con esto. Para una persona padre-dependiente cuando de picadas o similares se trata, pensarlo sola es demasiado. Estoy intentando hacer algo medianamente presentable -y económico, claro está- para agasajar a M que me vive reprochando que nunca le cocino nada.
Aunque preparar una picada no es, técnicamente, cocinar, quiero demostrarle que sí me interesa y que conmigo no va a comer eternamente palitos y papas fritas Lays. Puede haber cosas más elaboradas como pizzas, empanadas y alguna que otra cosa que pueda traer el delivery en media hora.
Así que no que necesito es que me ayuden con esto. Ya sé que no puede faltar jamón, queso, salame o salamín, pan, algo para untar, algo para ser untado, cerveza negra y aceitunas (poquitas porque a mi no me gustan así que son solamente para él). Lo que me quita el sueño es si el fiambre va en cubitos o en fetas, si arriesgarme a comprar pickles, que a él no le gusten y tener que ahogarme en vinagre la semana siguiente (lo ideal sería preguntarle si le gustan, lo sé)
Espero ansiosa sus propuestas porque, aunque lo que se me ocurrió no es poco, siento que estoy en Pampa y la vía con este temita. No dejo de imaginarme la tabla llena de cubitos de mortadela y me sacan las ganas.

28.1.09

Permitido contar

Hay algo que me está dando vueltas en la cabeza desde hace rato y hoy, gracias a una nota del sitio Zona Cinemanía puedo plasmarlo acá para que los lectores me ayuden. Siempre me pregunté cuál es el máximo de tiempo transcurrido entre el estreno de una película y el momento en el que se puede hablar tranquilamente del final en "público" aunque algún concurrente no haya visto la mencionada película.

A veces damos por hecho que esa película de la que estamos hablando la vio todo el mundo pero no siempre es así y fui víctima de ese prejucio un par de veces. Comentaron en frente de mi películas que no había visto y realmente las arruinaron. Con la que más bronca me dio fue con Una mente brillante. No la terminé de ver nunca porque siempre me resultó un poco aburrida y creo que la enganchaba en los peores momentos pero no por eso tenían que contarme el final. Nunca la vi después de eso, creo que ya no quiero.

Igualmente hay películas que se conocen tanto por todos que ni hace falta verlas. ¿Se puede hablar del final de Sexto Sentido en público? ¿El de Esperando la Carroza? ¿No son películas que sí debería haber visto todo el mundo?

26.1.09

Cuando el piloto automático falla

¿Nunca les pasó de quedarse tarados ante una función de lo más natural?
Hace poco llegué a la conclusión que cuanto más incorporado tenemos un hábito, más difícil se pone pensarlo. Por ejemplo: abrir las canillas. Todos sabemos cuál es cuál y para qué lado se abren y se cierran. Pero más de una vez me pasó que me detuve a pensarlo y no supe qué hacer.
Como uno de los últimos días de tanto calor, mientras me duchaba, quise cerrar un poco el agua caliente y, por pensar bien para qué lado era y no correr el riesgo de quemarme, no supe qué hacer por unos segundos. Lo mismo me pasa cuando alguien, por alguna razón muy misteriosa, me pregunta qué canilla es la del agua fría y cuál la del agua caliente ¡es algo tan obvio que si lo pienso no lo sé!
Esto también aplica a las puertas, las cerraduras, las ventanas, etc. ¿Para qué lado abrimos cada una?

¿No les pasa a ustedes también?

20.1.09

De vuelta

Ante todo aviso que el faltazo no fue intencional. A unos temas personales que me mantuvieron alejada de la web (nada grave) se le sumaron las vacaciones que disfruté hasta hace unos días. Ayer volví directamente a trabajar y, como era de esperar, me quise matar.
La playa y la noche casi me dejan de cama pero feliz. Lamentablemente tengo un bronceado muy leve gracias a mi piel espantosamente blanca, pero no debería quejarme tanto porque de todas formas la pasé muy bien.
Confirmé, una vez más, algo que siempre afirmé sobre el comportamiento del macho en celo:
1- en la costa (o cualquier otro lugar vacacionero) los tipos enloquecen, no importa lo que pase acá, quién seas o qué pretendas de ellos: allá lo único que quieren es llevarte a su casa. Claro, la mayoría vive con sus padres todo el año y la semana con amigos es de desconche total;
2- cuanto más insistas en que tenés novio y sos la más fiel del mundo, más flacos te van a querer dar. Sabiendo que sos un bagayo y todo. Con o sin novio podés seguir siendo igual de fea pero el tipo se excita si le decís que estás comprometida. Puede funcionar como estrategia pero cuando estás sola, el número de hombres que se te acerca a querer comerte disminuye considerablemente porque tienen una especie de olfato especial para las minas que-no-van.
Además de eso tengo una pila así de anécdotas divertidas que serán contadas en su debido momento.

7.12.08

Felicidades y prosperidad

El viernes fui a pagar el alquiler y cuando estaba saliendo de la inmobiliaria se me hizo una laguna mental al tener que responder el saludo de despedida del dueño y/o encargado del lugar. Es que me dijo "chau, felices fiestas" y yo no supe bien qué contestar.
Me tomó unos segundos decir "gracias, igualmente" y ahí me di cuenta que se nos vinieron las fiestas encima. Y no hay persona más indicada que los dueños o encargados de inmobiliarias para saludarnos prematuramente, ya que hasta el año que viene no nos volveremos a ver.
A partir de ahora creo que voy a tener que analizar cada visita a ver si corresponde o no saludar. Siempre que los demás me lo digan a mi, claro; porque, para ser sincera, mucho no me interesa, pero está bien igual.

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